Duelo
“En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es Total:
es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad),
social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros)
y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado,
el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele”
J. Montoya Carrasquilla
Duelo es el proceso de adaptación emocional, el estado de pensamiento, sentimiento y actividad que se produce como consecuencia de una pérdida. La pérdida supone una ruptura de la percepción de la realidad, un sinsentido y un quebranto de la propia identidad. El mundo de la persona se tambalea y por muy amargo que sea, tanto de vivir como presenciar, hay un “tránsito de aflicción”, lo que algunos expertos denominan “trabajo de congoja”, necesario para poder continuar hacia adelante y volver a “normalizarse” en un mundo donde en el lugar de un ser querido ahora hay un vacío interior.
El duelo no es algo pasajero, se instala en el centro anímico y espiritual de la persona de por vida y sus características dependerán de mil factores como la situación física y de las capacidades emocionales de la persona así como de los recursos alternativos con los que cuente. El camino requiere agallas para no caer en la evitación o negación y un espíritu de supervivencia para enfrentarse con la tremolina de subidas y bajadas que el tobogán de sentimientos desencadena. El duelo no se resuelve de un modo racional, la aflicción es activa y difícil de llevar. El proceso de duelo es íntimo, personal e intransferible. Los tiempos de otros no sirven, los juicios, los consejos y la presión que surge en muchas ocasiones del cariño, de la buena voluntad y de las ganas de volver a ver a la persona en duelo recuperada y “bien” no son efectivos y sí lo es el mantener una actitud lo más constante posible de confianza, paciencia y respeto hacia la persona “doliente”.
Nos encontramos día a día con despedidas de diversa índole, en cada decisión hay implícito un descarte y con él un adiós. Podemos observar el paso de la vida en nuestro entorno: el rápido tránsito del bebé a su niñez, el cuentagotas hasta llegar a la adolescencia, el estirón asombroso hacia a la juventud y el salto a la madurez de los hijos. Hay una despedida y se inicia un duelo en el segundo exacto en el que uno es consciente de esos cambios, en el momento en el que los padres dejan de serlo para comenzar a actuar como abuelos; hay un duelo cada vez que a causa de una enfermedad o no reconocemos a un ser querido o no somos reconocidos por esa persona, y en todas estas situaciones y otras similares se desencadenan unos sentimientos de despedida interna de la imagen y percepción que teníamos del otro y de nuestro mundo y una necesidad de ajustarse a una realidad diferente.
La vida pasa, pisa y pesa y pretender frenarla es tiempo perdido, la vida trata de muerte, trata de no aferrarse a lo que fue para no perderse lo que es. La consciencia al vivir esas pérdidas y despedidas cotidianas educa en el duelo y prepara a la persona para aceptar los ciclos naturales de la vida, este darse cuenta entrena a la persona a enfrentarse a escala progresiva a la vivencia de los procesos de Duelo en mayúscula que, sin ningún lugar a dudas, tarde o temprano a todos nos llegan. Un buen momento para reflexionar sobre la propia vida y muerte.
Belén
Imagen extraída de delikatissen.com
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