Belén Pérez de Prado

Orientacion- Asesoramiento- Supervisión-Formación

Cuando lo normal es lo diferente

                                                          
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Dos obreros colocan un cartel que reza: “Hay que desconfiar de las palabras”, la obra fue creada por el artista francés Ben en 1993 y se encuentra situada en un muro de un edificio de la Place Fréhel, intersección con la rue de Belleville de Paris.

Parto de esta invitación a la desconfianza al acercarme a las acepciones de la palabra normal que ofrece el DRAE, entre ellas se encuentra la siguiente: “que no produce extrañeza, que es general, mayoritario, que ocurre siempre o habitualmente”. Ya partiendo de esta premisa, se puede concluir que si normal es lo que ocurre habitualmente se puede considerar como “normal” la discriminación, la segregación, la exclusión e incluso el mal uso del poder y así podríamos continuar con una lista interminable. En dicha definición también se equipara lo normal a lógico, en este punto también encallo… ¿Lógico? me pregunto qué sentido tiene utilizar la palabra normal cuando la única norma que se repite una y otra vez es justamente la diferencia, es decir, “la cualidad o aspecto por el cual una persona se distingue de la otra, la variedad entre cosas de la misma especie”. En mi opinión de aquí surge lo obvio, lo único lógico es que si normal es aquello que se halla en su estado natural, todos somos normales al ser lo que somos y como sin duda todos nos distinguimos unos de otros, todos somos, lógicamente, al mismo tiempo diferentes. Siguiendo con la definición mencionada previamente el DRAE señala como característica de lo normal: “que por su naturaleza se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano”, al leer esto surgen las preguntas: ¿qué normas?, ¿quién y cuando las establece?, ¿por qué, para qué?, ¿con qué intereses?, ¡con el mercado hemos topado!

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30 septiembre 2010 Publicado por | General | 1 comentario

   

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