Belén Pérez de Prado

Orientacion- Asesoramiento- Supervisión- Coaching

Humor y confrontación

 

 

sonriendo

HUMOR Y CONFRONTACIÓN
Por lo general, la confrontación se asocia con dureza, y en consecuencia resulta comprensible la pregunta de algunos participantes del grupo de trabajo sobre la manera de mitigar esa dureza para mantener viva y amigable la relación con los compañeros de confrontación. La confrontación unida al humor es el papel clave a interpretar en la confrontación. La confrontación unida al humor pone en marcha asombrosas innovaciones. El humor y sus hermanas la sonrisa y la risa liberadora constituyen fenómenos cotidianos de los que raramente somos plenamente conscientes. El humor permite al supervisor situarse con benevolencia junto a los supervisandos. El humor supone un apartamiento, un distanciamiento de si mismo. El supervisor se convierte en modelo de aceptación y de la oposición a la confrontación cuando él mismo permite ser confrontado lleno de humor, cuando es capaz de reírse de si mismo. Cuando con ayuda del humor se equilibra la cercanía y distancia en la relación con los supervisandos, no se origina ningún distanciamiento desagradable. De este modo el supervisando puede experimentarse como alguien cuya existencia personal no es cuestionada, capaz de distanciarse con una sonrisa.

Ningún otro escritor aclara mejor la importancia de la risa que Umberto Eco. Su novela “El nombre de la rosa” gira en torno al segundo libro desaparecido de la Poética de Aristóteles, en el que el filósofo hablaba de la risa y de la comedia. Esta obra peligrosa, por cuya causa suceden los crímenes en el monasterio de la novela, la oculta el bibliotecario, el Padre jorge, pues si la risa fuese elevada a la categoría de ciencia, como ocurre en Aristóteles, desaparecería el miedo al demonio, lo que generaría una transformación impresionante. Wilian de Baskerville, el franciscano detective de la novela, previene por ello a su discípulo Adso: “Teme a los profetas de la verdad, Adso, y teme sobre todo a los que están dispuestos a morir por ella…” los profetas de la verdad en la novela, y casi siempre en la realidad, temen la risa, la prohíben y en consecuencia ocultan en la novela de Eco el libro de Aristóteles sobre la risa. El humor y el chiste (nada menos que Freud le dedicó un claro estudio al chiste, aunque el mismo no practicaba técnicas terapéuticas joviales) representan la distensión mediante la risa. Determinadas formas de risa (por ejemplo reírse “a carcajadas”) implican una relajación de la tensión para el cuerpo que se “agita” de risa –de manera análoga a lo que ocurre durante un orgasmo-. Durante la risa también acaece una regresión parcial. La experiencia de la regresión posibilita el aprendizaje. Otro punto de vista: el humor y la risa tienen dos componentes: intrapersonal e interpersonal comunicativo. En principio, como mejor se entiende el humor es contemplando un chiste de cerca; un chiste se compone de dos partes: la fijación del contexto y la agudeza inesperada. El busilis del chiste radica en la chispa súbita, en la repentina e inesperada subversión del contexto. Esta inversión asombrosa, esa aparente incoherencia desplaza la percepción habitual. Lo irreal y lo real están ya yuxtapuestos. La chispa de agudeza trastoca las reglas de la realidad: lo que antes era incompatible adquiere, dentro de un contexto diferente, un sentido nuevo y acertado. Nuestra risa indica que el tiro ha dado en el blanco. El chiste ha prendido. Al menos a corto plazo, sentimos inseguridad, nuestra conciencia es capaz de ampliarse, la seguridad de la realidad se torna frágil y quebradiza desde otra óptica. A cambio de esa transformación de la realidad surge la franqueza, igual que en un Haiku japonés, cuando por ejemplo, dice el verso de Kobayshi Issa (1763-1827): “El gran Buda / presta la nariz para que emprenda el vuelo / la diminuta golondrina.” O como la frase de los judíos (muy apropiada para la supervisión): “No se achique tanto, no es usted tan grande.”

En segundo lugar, el humor se comparte casi siempre con otras personas. Cuando a nosotros mismos nos sucede algo divertido, lo conservamos en la memoria para referirlo una y otra vez. La risa une a la gente: “La sonrisa es el camino más corto entre dos personas”, afirma el refrán chino. El humor es un lenguaje (con reglas, metáforas, metacomunicación). Aristóteles ligo la risa a la comedia, al juguete cómico. Así como el juego genera una metáfora de la realidad, paradójicamente “el humor es al mismo tiempo real e irreal” (Fry 1963, p. 146).
El humor es coercitivo y victorioso. Posee tal eficacia que induce a las personas a liberar la risa y cambia sus opiniones de si mismo y del mundo. Asociamos la risa con amistad, con sensibilidad, con relación y con alegría de vivir. La capacidad de reír, de regresar, a veces de perder el control de si mismo para reintegrarnos después, puede ser considerado como signo de madurez y de salud psíquica (Cfr. Farelli / Brandemma 1974, cap. IV).

Las estrategias con ayuda de las cuales el supervisor puede sacar de su reserva a los supervisandos son, por ejemplo, la exageración, la burla, la caricatura, el sarcasmo, el chiste, la imitación de sus palabras y de su conducta. Pero siempre ha de preservarse la aceptación amistosa: un supervisor jamás ha de satisfacer sus necesidades a costa de los supervisandos.

Autoría: Heinz Jurgen Kersting y Angelica Lehmenkuhler-Leuschner
extraído de http://organizados.files.wordpress.com/2008/07/la-confrontacion-en-la-supervision.pdf

7 Julio 2009 - Publicado por Belén Pérez de Prado | General | | Aún no hay comentarios

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