De “Coaching Empresarial”, “Subir Arriba” y “Champagne Francés”
Una visión personal de lo global.
Me gustan las palabras, creo en ellas, son importantes para mí. Me ayudan a estructurar mi interior y a relacionarme después con mi entorno con orden, ellas facilitan que me ubique y que encaje lo que voy viviendo y aprendiendo en mi sistema personal. Reconozco que soy exigente con ellas, que busco sus matices y me preocupa cuando no es así, cuando veo que la palabra se manosea, cuando el uso que se hace de ellas está desvirtuado.
En la época de postmodernidad en la que nos movemos con su fluidez ya gaseosa, casi se ha eclipsado la sencillez y rotundidad que llevaba consigo la expresión: “al pan pan y al vino, vino” y se le ha añadido la complejidad del “pan molde integral y de nueces con 7 semillas y fibra” y “caldo D.O. del Somontano macabeo, cabernet y garnacha blanca“
Algo me ocurre con el “coaching”, la palabra poco a poco se complejiza tanto que se aleja de mi sistema, es como si ante mis ojos las churras se me hubieran convertido en merinas y yo no pudiera hacer nada por evitarlo. Coaching mayéutico, ontológico, ¿coaching empresarial? coaching grupal, ¿coaching especializado?, presencial, telefónico, ¡floral! en Estados Unidos hay más de cien especializaciones distintas de coaching: de Jubilación, de transición, coaching para profesores, para el cambio de empleo, las finanzas… ¡coaching para perros!. ¡Una locura!, lo último, lo más “in” anunciado en uno de los carteles de corcho de la Facultad me dejó con los ojos en blanco: ¡curso de “autocoaching”… ¡ (¡para esto sí que no estaba yo preparada!)
Hace unos años en un encuentro profesional en Leiden, en la conferencia que impartió el profesor Zygmunt Bauman sobre la sociedad líquida, la atmósfera se podía cortar en dos entre los supervisores y los coaches. Era sencillo, sólo tenías que poner en una fila a los vestidos con traje, maletín y gemelos y en otra a los de los pañuelos, los vaqueros, camisetas y carpetas. Los enfoques sobre el mismo tema se bifurcaban dando una visión bisoja, triste en mi opinión, en la que los unos ponían en duda a los otros y viceversa.
Van pasando años desde que comencé mi formación y mi relación con este término, he conocido en directo la lucha de profesionales formadores por comunicar, por definir y por dar a conocer lo que la supervisión y el coaching pueden facilitar, he procurado colaborar con un boca a oreja constante en mi entorno más cercano y sobre todo ejerciendo mi profesión de la manera más respetuosa posible diferenciando los ámbitos y los términos. He celebrado con un buen vino-vino el éxito paulatino de la supervisión-coaching y en un cerrar y abrir de ojos, la paloma me ha salido cuco, se me ha descafeinado el significado término, ¡me lo están travistiendo! Hace unos días en un aeropuerto escuchaba hablar a mi lado a dos personas vestidas de altos ejecutivos de una empresa cuyo conocido nombre estaba grabado en un maletín, uno de ellos preguntaba al otro, “¿ya te has hecho el coaching?” Si, ya “me lo han hecho”, “además en cuatro sesiones eh?”. En unos conocidos grandes almacenes se presentó hace poco también una señora encantadora toda ella, muy bien peinada y con bien de laca, que convocó a un grupo de personas para dar una sesión informativa sobre “coaching”, comentó cómo después de una vida de ser ama de casa y esposa de un empresario, tras un curso de un fin de semana de coaching, “vio la luz” y descubrió su verdadera misión vocacional en la vida: ayudar a los empresarios a conseguir sus objetivos. Soltó unas cuantas frases no se bien si de PNL[1] o en este caso de “PLN” (“Programación Lingüoneurótica”) y al final repartió una tarjeta e información sobre cursos de formación exquisitos de fines de semana de lujo organizados en el campo. La gente aplaudió. Mucho.
En la televisión, en programas de alta audiencia como Operación Triunfo y Fama se les ofrece a los estudiantes una sesión de coaching en los que sale un “afamado y reconocido experto”, con un micrófono de color carne pegado a su boca con un esparadrapo diciendo algo así como “visualízate como ganador y sé tu mismo, osea, supermegacree en ti”. Sin comentarios.
La palabra tiene 76.100 entradas en google. Esto está ocurriendo y esto me espanta. Me asusta. Tengo sensación de que están vendiendo una moto en casa y me siento impotente, no sé cómo hacer. Tengo un problema, mi identidad visto lo visto necesita definirse en estos momentos en lo profesional como identitaria- contraidentitaria: “Yo soy, y, a la vez, no soy eso”. Me escucho desmarcándome, en momentos casi avergonzándome del término y de la prostitución que para mí está conllevando.
Sólo puedo enviar desde la impotencia y para quedarme tranquila un pequeño mensaje a aquellas personas que tienen intención de experimentar este tipo de asesoramiento.
Informaos. Seleccionad, elegid las manos en las que os ponéis. No os dejéis alucinar por el setting, por los maletines y portafolios, por los “azafatos” y las azafatas, por la puesta en escena. No piquéis en el anzuelo del “poder del control” del “éxito inmediato asegurado”. Buscad contenidos y calidades y preparaos para la aventura del autodecapamiento. Un proceso de asesoramiento como el de supervisión y coaching no deja impasible al que lo vive. Es cuestionador, remueve cimientos, tambalea creencias, supone esfuerzo, desaprendizaje y humildad, -palabra que según el RAE es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias virtudes y debilidades y obrar de acuerdo con este conocimiento; palabra que va unida a descubrir algo que pueda dar la vuelta a tu visión del mundo y de las cosas y está relacionada etimológicamente con Humus, con tierra-. Sugiero que no pierdas ese contacto con la tierra y que una vez decidido te animo a permitirte vivir el proceso, no es fácil y merece la pena.
Por lo tanto, no hay para mí champagne francés que valga, el champagne si es champagne es francés, es imposible subir a otro sitio que no sea arriba y si se trata de coaching tiene que tener relación con el asesoramiento a la dirección de empresa. Punto. Si no te lo cuentan así te están vendiendo una moto. Te están dando gato por liebre y en muchos casos te están reventando la cuenta corriente y tomándote el pelo. Al menos, si así lo eliges, que sepas que estás siguiendo una formación deformada.
Y por último, creo que sería más que interesante, necesario, que nosotros como profesionales hagamos un esfuerzo por encontrar las palabras que expresen en qué nos diferenciamos, para no ser englobados en el “más de lo mismo”, para no caer en la connivencia con el término y dediquemos tiempo y ganas para encontrar nuestro espacio, nuestra propia definición y dar todo ello a conocer.
Belén .
[1] Programación Neurolinguística


Dices que te gustan las palabras; también las palabras te quieren, Belén. Están contigo, se dejan hacer. Me he sentido atraída por ellas, el texto me ha dado una lección de buen hacer. Y estoy contigo en lo que dices, de tomar distancia de ese “englobamiento” y entregarnos a esa búsqueda que propones. La palabra lo merece.