Belén Pérez de Prado

Orientacion- Asesoramiento- Supervisión- Coaching

Asesoramiento a dirección de empresa; reflexión

 

 

 

 

 

 

 

 

Todos nosotros comprobamos día tras día que una de las tareas primordiales del profesional de la ayuda  se centra en el acompañamiento de procesos de resolución de conflictos. Ante la desesperación que genera la falta de consecución de los objetivos marcados por cualquier agente para su empresa, pueden observarse múltiples posiciones. Haré una  recopilación de las que más voy encontrando tomando como caso un hipotético cliente de coaching y una reflexión sobre lo que considero importante sobre nuestra labor como profesionales. 

 

          Observamos cómo el cliente en ocasiones suele optar por desviar la mirada o bien por restar importancia al problema. Nos encontramos ante el uso de factores “desculpabilizadores” genéricos externos, que conducen muy frecuentemente a actitudes tales como “pasar página”. Somos testigos de cómo el cliente saca como conclusión que “la situación global de mercado está condicionando de tal modo la realidad económica que hay que ajustar cinturón a las cotas de mercado y… conformarse”.  A veces el cliente determina mantener la ilusión a base de previsiones de futuro y de fantasías varias y se ampara en el “seguro que para final de año remontamos”. En otras escarba con ojitos de perrito “apaleao” en el histórico de la empresa, para documentar con gráficos que “en el cuaternario todo era diferente”, “¡Oh tempora; oh mores!” sí, definitivamente, puede refugiarse en el  “¡cualquier tiempo pasado fue mejor!” Para intentar salvar la propia autoestima profesional y personal se aplica habitualmente la fórmula de culpar al equipo o a los mismísimos chinos, (algo que está totalmente de moda); echar los balones fuera y buscar un chivo expiatorio o dos, parece  “ayudar”.

          En ocasiones se decide despedir a algunas de las personas y hacer un drástico “casting a la desesperada”, paradójicamente, con la esperanza de que las personas que se incorporan traigan de su mano la solución mágica, la pócima que haga funcionar de nuevo la estructura de su sistema organizacional. El cliente en ocasiones –movido por su desesperación- determina tirar la toalla a un rincón del cuadrilátero o bien opta por la postura contraria: retar “al enemigo” y darle con un guante en la mejilla a la antigua usanza y lanzarse al duelo (con todas las connotaciones que conlleva dicha palabra). A veces llega a compararse con cualquier miembro de la concurrida alteridad competidora y darse por satisfecho ¡claro que sí!, porque al vecino de la empresa “x” le va infinitamente peor y está a punto de cerrar. Presenciamos en casos cómo el cliente “se revienta”, mientras dice poder hacerse cargo de todas las tareas posibles, basándose en la creencia de que en el fondo se rodea de ineptos y nadie lo hace mejor que él mismo, y si para el final del día no se ha “licuado”, puede llegar a confesar- no sin cierto sonrojo- cómo suele derivar toda la presión y descargar su estrés y frustración en su propio entorno familiar. 

          En otros momentos el cliente opta por encallar en el “es imposible”, tropieza en el “no puedo”; carga contra sí mismo e introduce altas dosis de impotencia “en vena”, o bien recurre a la opción de  poner velas, y con los dedos cruzados y con una estampita de “la virgen de los milagros empresariales perpetuos” entre los dedos, decide esperar con la cabeza bajo la almohada a que la “racha gafe” pase y lleguen los añorados siete años de bonanza. Siempre hay quien determina instalarse en el “yo tengo toda la razón y punto”, definitivamente uno de los mejores métodos para no avanzar.

          El aprendizaje recibido y la experiencia nos dice que nosotros, como corresponsables del clima y el proceso, tenemos el encargo de intervenir e influir en estas dinámicas de modo que el mismo sujeto mencionado también desaprenda y sume otras posibilidades que amplíen sus ámbitos de decisión; que se anime a interpretar su realidad, (sea esta la que sea) con cierto talante autocrítico nutricio. Nuestro papel, tal y como yo lo entiendo, se centra en señalar al cliente dónde y cómo le vemos funcionar; en animarle a darse la opción de no cerrarse entre el todo y la nada, en el “cul de sac” que supone el elegir entre el blanco o negro; el  “sí o no”. Nuestras intervenciones van dirigidas a alentar al cliente para que elija un modo de distanciarse lo suficiente del tema como para hacer visibles aspectos objetivos de su realidad empresarial y personal que hasta ese momento parecen relegados a un 2º/3º/4º plano. Podemos colaborar en que el cliente haga consciente su realidad presente y de ese modo se adueñe de ella  para luego apropiarse de la solución. Podemos contagiar ganas y  animarle a ser protagonista activo de su momento, escoltarle a la hora de delimitar su actuación, al definir con claridad el contrato y el ámbito de responsabilidad con los otros miembros de su equipo y alentarle a optar por respetarse al respetar a las personas que trabajan con él.

          Nuestra “misión”, tal como la entiendo, es mayéutica, se centra en acompañar el parto que precede a que el cliente detone el milagro, el de la acción comprometida.

Whitman decía “quién desea y no actúa engendra pestilencia”, para mí es apasionante el abrir ventanas en una sesión de manera que entren la luz y los taquígrafos, como profesional me siento comprometida en colaborar con toda la transparencia de la que soy capaz para nombrar aquello que percibo que depotencia al individuo. Los miedos suelen flotar en la estancia y la dificultad de asumirlos está presente en los casos de asesoramiento a dirección que me voy encontrando. La solución no llega de la noche a la mañana, de nuevo no es algo mágico y ni siquiera depende de cada uno de los agentes por separado, el azar también tiene su intervención en la Historia.

          Acompañar al cliente en el desconcierto hasta que éste ceda, ampliar la imagen para cambiar de perspectiva, aportar aspectos que amplíen su ámbito de decisión, para que esa persona elija focalizar allá donde decida, esa considero que es parte de nuestra tarea como profesionales. Para que el cliente “haga acontecer” un cambio de calidad, debemos permanecer con “ojos internos” abiertos para evitar convertirnos en el mismísimo obstáculo en el propio proceso. Lo que parece ser definitivo es que nuestra capacidad de entrar en contacto con el cliente, nuestro posicionamiento consciente en la aplicación de una escucha activa y un feed-back adecuado a la demanda del momento, el modo de calibrarnos en nuestras intervenciones y no intervenciones, nuestra creatividad y flexibilidad a la hora de aplicar diferentes herramientas tendrán un “efecto mariposa” del que resultarán consecuencias importantes para el cliente, para los equipos que dirige,  para su empresa, y por extensión para su ámbito relacional.

Esto requiere una actualización de la formación constante, un “estar vivo” en el proceso, ser capaz de nombrar lo abstracto, de definir sensaciones, de hacer “objetizables” las emociones para colaborar en que todo ello se acerque al campo de visión del cliente. Todo ello requiere una capacidad de autocrítica y una exigencia ética personal. Desde mi experiencia parvulita percibo una necesidad de estar lo más orientada, despierta, formada y entera posible para desarrollar una tarea apasionante, creativa, llena de retos y de posibilidades, con consecuencias directas en la calidad de vida del cliente. Y es una tarea preciosa, difícil, comprometida y que conlleva dudas y una gran responsabilidad.          

 

El profesor Heinz Kersting decía que en una sesión el que trabaja es el cliente, yo todavía no he llegado a ese punto de maestría y me preocupo (y mucho) cuando salgo de una sesión sin haber “sudado la gota gorda”; la tranquilidad en este contexto para mí es un indicador de que puedo estar tomando a la ligera algunos aspectos y minusvalorando la situación del cliente, y que puedo haberme olvidado de las consecuencias que para otros se derivan de lo que se decide en una sala de reunión a la hora de trabajar en el asesoramiento a dirección de empresa.

 

Belén Pérez de Prado

2 Noviembre 2008 Publicado por Belén Pérez de Prado | General | | 3 comentarios