Belén Pérez de Prado

Orientacion- Asesoramiento- Supervisión- Coaching

Ayudarse a ayudar

 www.ningo.com.ar 

 SI yo no me ocupo de mí mismo, ¿quién lo hará?

Y si no me ocupo más que de mí mismo, entonces, ¿qué soy?

Y si no me preocupo ahora, entonces ¿cuando?

Hillel, Tratado de los padres

 

En ocasiones uno valora que una situación o una persona necesita una mejora y sin dedicarle mucho más pensamiento uno se lanzar a ayudar. Lo hace con el corazón en la mano, de buena fe y creyendo a ciencia cierta que de su intervención surgirá un cambio y un beneficio para la persona ayudada y por efecto rebote, uno sabe que ese ayudar le hará sentirse bien.

 

Es habitual encontrar a ayudadores quemados, personas que se han dejado la piel en hacer algo por otras personas y que han llegado a la situación de burn-out por no poder sostener el pulso de la decepción, por no sentirse lo suficientemente recompensados, valorados y/o reconocidos por aquello que han hecho, e incluso por haberse sentido rechazados o sentir que de alguna manera al final se ha abusado de su generosidad; son personas que con el paso del tiempo actúan como gatos escaldados y que muestran reticencia a ayudar, parecen haber jurado como Scarlett O’Hara que nunca ayudarán a nadie, nunca más.

 

Dichos ayudadores, se quejan de haber escuchado frases como: “yo no te pedí ayuda”, “lo hiciste porque quisiste” o “lo hiciste porque te interesó”, algo que en el momento de escucharlo duele … probablemente porque parte de estos comentarios contienen en ellos una parte de realidad.

Ante una situación de ayuda sería interesante tener en cuenta que a unas altas expectativas del ayudador le suelen corresponder unos soberanos batacazos. En mi opinión es aconsejable conectar con el “ayudador-en ocasiones compulsivo- que llevamos dentro y entablar un diálogo reflexivo interno que lleve a deslindar aspectos como: qué se espera haciendo lo que se va a hacer, por lo tanto cuál es el precio (emocional, económico etc.,) que -en agenda oculta- se va a cobrar a la otra persona por ello, qué va a hacer para gestionar su frustración si aparece/ cuando aparezca, entre otros.

 

Es importante diferenciar y separar al otro de uno mismo y entender que la otra persona no tiene por qué acoger la iniciativa de ayuda del modo en el que ha sido planeada. No tiene por qué corresponder, no tiene obligación ni siquiera de agradecer esa misma ayuda que le ha caído encima, sin pedirla.

Es beneficioso descargar la “espoleta” de la ayuda, de manera que cuando uno se ponga en la tarea de ayudar, lo haga consciente de que lo que está haciendo es cubrir una necesidad propia, de forma que no acabe por hacer al ayudado un “regalo trampa” que suponga para él/ella más castigo que bendición.

Por todo esto, sería interesante esperar a que a uno le pidan ayuda antes de darla por cuenta propia.

Por otra parte también es importante analizar un poquito lo que se favorece ayudando y lo que se impide. En circunstancias “normales” la ayuda significa una profunda falta de respeto, es una manera de decirle a la otra persona que no se cree en su propia capacidad de gestionar sus propios problemas y dificultades.

 

Con esa actitud salvadora se puede caer en impedir que la otra persona viva su dificultad y aprenda de ella. Johm O. Stevens en su libro El darse cuenta expresa este aspecto de un modo muy claro: “Una de las maneras más comunes (y también más aceptadas) de no respetar a una persona es correr en su ayuda cuando se siente “mal” o incómoda. Ser “servicial” con actitudes protectoras, impide a la persona vivenciar plenamente su tristeza, cólera, soledad etc., Casi todo “ayudador” tiene fuertes sentimientos de desamparo que se atenúan temporalmente cuando ayuda a alguien”

 

Por lo tanto, antes de ayudar sería conveniente pensar un poco y tener muy claro cuál es el beneficio personal que se va a obtener al aportar dicha ayuda sin cargarlo ni exigirlo al otro, -como por ejemplo sentirse mejor consigo mismo y aumentar por lo tanto la propia valoración personal-, y sería del mismo modo positivo, no poner esa necesidad de satisfacción por encima de los derechos de los demás. Ofrecerse y/o esperar a que las demás personas especifiquen su necesidad de ayuda parece el ejercicio emocional más sano a practicar. Hablar sobre dicha petición hasta tener clara la demanda hace que la decisión de darla o no sea tomada de un modo más responsable y “coloca” a la otra persona.

Pactar las ayudas suele ser algo que favorece el crecimiento y la satisfacción de ambas partes y que facilita que dicha ayuda no se convierta en un motivo de frustración o de falta de respeto.

 

Y dicho todo lo anterior, lo expuesto tiene, a mi entender, claras y rotundas excepciones cuando se trata de niños, ancianos y personas que, por las circunstancias que sea, no están preparadas para asumir la responsabilidad de sus actos al decidir por ellos mismos.

En estos casos, en los que existen ciertas obligaciones ante la ley, debe prevalecer el bienestar de la persona necesitada. Los casos que atañen las personas mayores suelen ser especialmente complicados por lo habitual que resulta encontrar por su parte una negación a recibir ayuda.

Según la edición de abril de Mayo Clinic Women’s Health Source, “la negación es una respuesta común ante una situación estresante y puede ser una manera de afrontar una situación o un mecanismo de defensa importante. Sin embargo, también puede retrasar la respuesta adecuada a situaciones que requieren acción y un cambio. Dicha negación puede obstaculizar el bienestar de la persona, la negación en su sentido más amplio, quiere decir rehusar a reconocer una situación dolorosa o agobiante, evitando los hechos o minimizando las consecuencias”[1].

Según la Organización Mundial para la Salud[2], “la discapacidad se asocia a la reducción de la capacidad de desarrollar una actividad o función dentro de los límites que se consideran normales provocada por una deficiencia o una enfermedad. La dimensión de la discapacidad concierne a comportamientos considerados esenciales como comunicarse, desplazarse, alimentarse etc. Un anciano tiene que vivir en un ambiente limpio y seguro, debe hacer comidas nutritivas, tener ropa de cama y ropa para vestir adecuadas y limpias. Al mismo tiempo, la persona a cargo de las finanzas de una persona mayor debe asegurarse de que su dinero sea utilizado adecuadamente, comprando los servicios necesarios para el beneficio de la persona que recibe los cuidados. El fallar como proveedor de estos cuidados, el no conseguir ayuda para darlos y el fallar al comprar servicios necesarios son considerados formas de abuso o descuido. Por lo tanto si usted está llegando al punto en el que no puede proveer cuidados por razones físicas o emocionales le sugerimos urgentemente que considere las alternativas a sus cuidados personales y que busque ayuda para tomar esta decisión”. [3]

 

En los casos en los que la autonomía falla, es decir, cuando no se puede garantizar la capacidad y derecho de una persona de poder elegir por ella misma las reglas de su conducta, cuando por cuestiones de edad (niños, ancianos) no se cuenta con una clara orientación de los propios actos y es imposible asumir los riesgos que está dispuesto a correr, en los casos en los que la posibilidad de tomar decisiones va unida a la falta de una autovalidez, es decir de la capacidad de la persona de efectuar sin ayuda las actividades de la vida diaria, es importante, imprescindible, buscar ayuda que ponga una estructura que garantice la seguridad y el bienestar de las personas mayores y los niños.

 

En ocasiones como estas “respetar” una negación de ayuda y huir ante un rechazo, equivale a fallar en obligaciones fundamentales, escudarse en el falso respeto, así como en la excusa del “me retiro porque no quiere ser ayudado”,  supone desentenderse y  generar una situación de abandono absolutamente denunciable y fuertemente penalizada por la ley.   

Con todo ello se podría concluir que a la hora de ayudar, de actuar o no hacerlo, es importante reflexionar desde dónde hace uno lo que hace, es necesario, una vez más calibrar, diferenciar y pensar en las consecuencias de nuestros actos en las personas que queremos, es imprescindible en algunos momentos no perderse en la necesidades propias y dar prioridad a las ajenas, tener la generosidad suficiente para salir de los ”enroques” y abrirse al pacto, a la integración de nuevas formas de actuar y buscar siempre el beneficio de aquellas personas que están en una situación de mayor desprotección y por lo tanto y para ello es recomendable buscar formas y fondos que no muestren una falta de respeto a las personas mayores o pequeñas, evitar los gritos, las imposiciones a la fuerza y tomar decisiones consensuadas que no rompan y rasguen y vayan integrando cambios graduales y efectivos en la forma de funcionar.


[1] <http://www.mayoclinic.org/news2007-sp/4647.html>

[2] Cómo atender mejor a nuestros mayores <http://mayores.consumer.es/documentos/comprender/intro.php>

[3] http://fiat.gslis.utexas.edu/~gpasch/guia/hb4.html

27 Agosto 2008 Publicado por Belén Pérez de Prado | General | | 4 comentarios

Cómo hacerte saber… por Walt Whitman

 

 

  

¡Cómo hacerte saber que siempre hay un tiempo!  
Que uno solo debe buscarlo y desearlo.  
Que nadie establece normas, salvo la vida.  
Que la vida sin ciertas normas pierde la forma.  
Que la forma no se pierde con abrirnos.  
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.  
Que no esta prohibido amar, que también se puede odiar.  
Que el odio y el amor son afectos.  
Que la agresión porque sí duele mucho.  
Que las heridas se cierran, que las puertas no deben cerrarse.  
Que la mayor puerta es el afecto.  
Que los afectos nos definen  
Que definirse no es remar contra la corriente.  
Que cuanto más fuerte es el trazo más se dibuja.  
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio.  
Que negar palabras implica abrir distancias.  
Que encontrarse es muy hermoso.  
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida,  
Que la vida forma parte del sexo.  
Que el por qué de los niños, tiene un porque.  
Que el querer saber de alguien, no es sólo curiosidad.  
Que el querer saber todo de todos, es curiosidad malsana,  
Que nunca esta de más agradecer.  
Que autodeterminación, no es hacer las cosas solo.  
Que nadie quiere estar solo.
Que para no estar solo hay que dar,  
Que para dar debemos recibir antes.  
Que para que nos den también hay que saber pedir  
Que saber pedir no es regalarse.  
Que regalarse en definitiva es no quererse.  
Que para que nos quieran, debemos demostrar qué somos.  
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo.  
Que ayudar es poder alentar y apoyar.  
Que adular no es apoyar,  
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara.  
Que las cosas cara a cara son mas honestas,  
Que nadie es mas honesto porque no roba.  
Que quien roba, no es ladrón por placer.  
Que cuando no hay placer en las cosas, no se está viviendo  
Que para sentir la vida, no hay que olvidarse que existe la muerte.  
Que se puede estar muerto en vida.  
Que se siente con el cuerpo y con la mente.  
Que con los oídos se escucha,  
Que cuesta ser sensibles, y no herirse  
Que herirse no es desangrarse  
Que para no ser heridos, levantamos muros  
Que quien siembra muros, no cosecha nada  
Que casi todos somos albañiles de muros  
Que sería mejor construir puentes  
Que sobre ellos se va a la otra orilla, y que también se vuelve.  
Que volver, no implica retroceder.  
Que al retroceder, también se puede avanzar.  
Que no por mucho avanzar, se amanece más cerca del sol  
¡Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida! 

 

Walt Whitman

7 Agosto 2008 Publicado por Belén Pérez de Prado | General | | 7 comentarios

Una aproximación al conflicto.

                        

Sobre los conflictos.                       

“…los conflictos de la mayoría de la gente constituyen en realidad, intentos de evitar los verdaderos conflictos reales. Son desacuerdos sobre asuntos secundarios o superficiales que, por su misma índole, no contribuyen a aclarar ni a solucionar nada. Los conflictos reales entre dos personas, los que no sirven para ocultar o proyectar, sino que se experimentan en un nivel profundo de la realidad interior a la que pertenecen, no son destructivos. Contribuyen a aclarar, producen una catarsis de la que ambas personas emergen con más conocimiento y mayor fuerza”

Erick Fromm. El arte de amar.-

 

Cuando los propios derechos colisionan con los derechos del otro surge el conflicto y con él la ocasión de ratificarse, de abrirse, de pactar y sumar opciones en la relación así como de hacer todo lo contrario. Existen los conflictos que se podrían denominar “tapadera”, aquellos en los que el tema sobre el que se discute en realidad no tiene importancia alguna y sirven como excusa para obtener lo que uno parece necesitar: ocasión para el encuentro o bien para el desencuentro. De nuevo me topo con la complejidad así que tomaré el tema por partes y con calma. Para ello me propongo exponer un caso hipotético que me ayude a simplificar y diseccionar diferentes elementos de aproximación al conflicto:

 

·        Juan y María[1] acuden a un restaurante, se sientan en la mesa, leen la carta, Juan va leyendo y comentando el menú en voz alta y va eligiendo lo que considera mejor. María está de acuerdo en la valoración que Juan hace, y va asintiendo cuando escucha a Juan hablar sobre la calidad de los productos que se ofrecen, Juan resalta que la dorada está fresca y decide que una ensaladita variada sentaría muy bien con un blanco pescador frío…  ¡qué bueno!  Llega el camarero y Juan pide: “ensalada de la casa, dorada y vino blanco fresco… para los dos por favor”.

Opción A:

María calla, come lo que Juan le dice y se siente una “lela”. Opta por no decir nada y se amontona interiormente, recuerda todos aquellos momentos en su vida en los que han tomado decisiones por ella y se siente ninguneada. Cuando llega a casa “causalmente” vomita la comida, pasa un par de días fastidiada (algún ingrediente que no le ha sentado bien), Juan “la cuida” y entre unas cosas y otras ella poco a poco se va sintiendo mejor; entre manzanilla y caldito de gallina, coloca su enfado por dentro como puede, se dice:” no es para tanto, lo ha hecho con buena voluntad” y con ello lo deja pasar, hasta la próxima ocasión, eso sí, sumando el episodio al historial. Muchas gotas colman el vaso y María, en este caso por comerlo y beberlo, un día y con la buena excusa de la menor tontería acabará por reventar.

 

Opción B.- María  se siente tremendamente ofendida, se levanta y deja la servilleta sobre la mesa y a Juan comiendo solo. Decide irse a casa y cambia opta por llorar y no comer. Al enfado de María se le une posteriormente el de Juan por sentirse ridículo frente a todo el comedor y por las formas que María ha elegido para expresar su descontento. Hay bronca doble. María tilda a Juan de aplastador y prepotente, salen situaciones previas en las que ella ha “tragado” y son arrojadas a la cara de Juan. Él se siente fatal y no deja de explicar que no se ha dado cuenta, que su intención era buena y pasa a pedir perdón por ser como es y jurando no volver a repetirlo en su vida. María tiene la sartén por el mango y “los morros” duran varios días. Juan acaba por cansarse de estar detrás de ella. Más adelante vuelve a salir el tema hasta que los dos deciden “pasar página”.

 

Opción C.-

Juan se siente ridículo cuando María pide su menú, se levanta y deja a María colgada en el restaurante. Se siente confuso y ofendido por lo ocurrido, come unos pinchos en un bar y para cuando vuelve a encontrarse con María le deja bien claro que ha vivido la escena como una clara desautorización en público que une a otras que ha vivido en su vida y no soporta… su ego está herido y se siente mal, recuerda a María todas las veces que ella se ha beneficiado de que él se ocupe de ella. María se siente apabullada, culpable, concluye “que se ha pasado” y le pide disculpas. Juan las acepta y todo vuelve a la “normalidad”.

 

 

Opción D.-

María se dirige al camarero con una sonrisa y dice: “sí, una vez que ha anotado su pedido, ahora por favor para mí tráigame un gazpacho, un solomillo poco hecho y un buen tinto rioja…, el postre lo pediremos después ¿verdad cariño?” El camarero mira sorprendido, todos ríen y esta anécdota supone una ocasión para hablar sobre cuántas cosas se dan por hecho en la relación y el peligro de pasar por encima de uno mismo y de otros. En esta opción María se cuida y se da prioridad y cuida su relación al no  machacar a Juan. Pone límites, expresa su deseo, no permite que Juan decida por ella en ese momento y esto da pie para que Juan reflexione y se de cuenta sobre su actitud sin ser culpabilizado ni amonestado por ello. La comida ha supuesto para María una ocasión para ratificar su autonomía y para Juan un aprendizaje que de alguna manera le hace valorar a María con un mayor respeto. Entre risas deciden compartir el postre. Lo acontecido se ancla en la memoria de los dos en positivo de manera que Juan y María se animan a dar y pedir opinión no sólo en los restaurantes sino en otros ámbitos.

 

Existe también entre otras muchas la posibilidad de la opción E.-

 

María adopta el menú de Juan. Ella se da cuenta de que le hubiera apetecido más tomar otra cosa y al no hacer nada al respecto en el momento de pedir Juan, asume lo propio y no culpa a Juan. Se siente responsable de su decisión y disfruta de la comida, a la vez que decide tomar otra opción en una próxima ocasión.  En la opción última, la E, María elabora el tema consigo misma, en este caso Juan permanece ajeno a lo que ella está “cocinando por dentro”. De alguna manera también cuida a Juan al no achacarle lo que no le corresponde y opta por no compartir con él lo que le ocurre, porque ella así lo elige.

 

Queda pendiente de tratar todo el resto de opciones que cubrirían el abecedario entero. Lo que diferencia unas de otras es la consciencia de lo que está ocurriendo, y el modo de calibrar y gestionar lo sucedido. Se puede decir, por lo tanto, que lo que sucede no siempre es tan importante como el enfoque y la interpretación que hacemos de ello.

 

Uno puede ir por la vida eligiendo el color desde el que quiere relacionarse en ese momento, desde el papel del conciliador, del ofendido, de felpudo, o de dictador de tres al cuarto. Se pueden hinchar ofensas y egos, o minimizar los problemas pasando por encima de uno mismo. Se puede mirar a otro lado, hacer como si nada. Lo que no se puede es cambiar al otro, pero sí podemos cambiar los resultados a través de la elección del propio color, de la propia actitud. Si hay una cerrazón por banda y se actúa bajo los mismos patrones de funcionamiento, si la persona con la que nos relacionamos hace exactamente igual el círculo se  vicia y con ello la dificultad de encontrar nuevos lugares desde los que relacionarse de un modo más abierto y creativo.

Cuando uno “hace por otro” o bien “deja hacer” tiene consecuencias inmediatas en la relación entre las personas. El conflicto suele estar ubicado muchas veces en la violencia interna que genera el no haber sido capaz en su momento de expresar la propia opinión y de poner límites a una situación concreta. Se habla de “sentirse superado por los acontecimientos”, y esa violencia sale por nuestros desagües en forma de bronca, de insulto, descalificación o de enfermedad en ocasiones. En un par de las opciones en el ejemplo María y Juan se levantan y se van, no pueden con ello.

 

El enfoque que propongo se une a aquellos que animan a asumir las consecuencias de los propios actos -nada más y nada menos- para ser protagonistas activos en la dirección de los propios actos. No hay una manera mejor ni peor de actuar, no existe la receta mágica, hay una búsqueda de ser consciente de los actos y sus consecuencias.

Una vez más, el detectar necesidades de apetencias, distinguir las pataletas de los aspectos que nos son troncales, y el diferenciar temas en las discusiones son actitudes que ayudan a ubicarse; echar un vistazo por dentro para ver dónde se encuentra uno es importante para esa sanidad de la que se ha hablado en numerosas ocasiones.

Suele necesitarse una carga de razones para enfrentarse a otra persona, es más sencillo no cargar con una mochila tan pesada y no necesitar excusas para expresar el propio descontento. Para  no hacer daño se ocultan opiniones y sensaciones y llega un momento en el que la olla interna “ebulliciona” hasta reventar/nos y en esos momentos paradójicamente son justamente los daños que se querían evitar, más alguno añadido, con los que uno se encuentra de bruces.

 

Por lo tanto y por una cuestión práctica, ahondar en  el propio conocimiento facilita el contar una dote emocional que luego compartir en relación. E. Fromm parece indicarlo al decir: 

 

 “El amor sólo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias, por lo tanto, cuando cada una de ellas se experimenta a sí misma desde el centro de su existencia. Sólo en esa “experiencia central” está la realidad humana, sólo allí hay vida, sólo allí está la base del amor. Experimentando de esa forma, el amor es un desafío constante, no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimenten desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos. Sólo hay una prueba de la presencia de amor: la hondura de la relación y la vitalidad y la fuerza de cada una de las personas implicadas; es por tales frutos por lo que se reconoce al amor.”

(continúa)

Belén Pérez de Prado

 

 

 


[1]  Se toma como referencia María y Juan pero de igual modo podría leerse Juan y Pedro., María y Pili, a su vez el género masculino genéricos es utilizados por  optar por la simplificación para no sobrecargar el texto. En sucesivos posts se irá utilizando el género femenino en la totalidad de algunos artículos así como nombres que expresen la variedad y multiplicidad que se encuentra en la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

2 Agosto 2008 Publicado por Belén Pérez de Prado | General | | Aún no hay comentarios